viernes, 12 de noviembre de 2010

FEDERICO VEGAS: EL ÚLTIMO SAMURAI





Hace tiempo oí hablar de un tipo que a los cuarenta, tal vez cuarentaicinco años, decidió abandonarlo todo y encerrarse en una habitación a escribir. Esa imagen de un hombre recluido, aislado del mundo, como un anacoreta, barrido por la terrible pasión de la literatura, esa imagen, repito, me gusta. Resume muy bien el compromiso del escritor, la relación casi religiosa que entabla con la literatura, la sumisión a esos poderes fácticos que se apoderan de él y que ya no lo  dejarán vivir en paz si no es en soledad, creando mundos imaginarios que le den orden a la realidad. Y no sé porque, pero ahora pienso que ese tipo del que oí hablar hace tanto es Federico Vegas. Ese solo gesto valiente lo convierte ante mis ojos en un personaje mitológico, en un héroe, en uno de esos samuráis de los que hablaba Bolaño. Pero es que además ese encierro apasionado ha rendido sus frutos. No ha sido fácil. Por el camino han quedado novelas prescindibles como Miedo, pudor y deleite, un libro que no le agrega nada a la literatura hecha en Venezuela, un ladrillo más que produce esa fábrica de ladrillos que es la novelística venezolana. Pero están los cuentos. Y sobre todo están Falke y Sumario. Y si a mí me dijeran que Vegas debe escribir diez Miedo, pudor y deleite para producir un solo Falke yo diría: sea. Es un buen negocio. Salimos ganando.

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